El lugar del sexo en la pareja


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A lo largo de la vida de una pareja, la importancia que se les atribuye a las relaciones sexuales va desde muy importante hasta poco o nada importante en relación a las otras tareas y actividades que cada pareja enfrenta en su momento. Ningún manual de sexualidad nos será de utilidad para conocer la importancia que le debemos dar a nuestra vida sexual, cada pareja deberá vivir su sexualidad de manera flexible en función de las características de sus integrantes, de la interacción y del contexto y no en función de creencias y reglas externas.

La interacción y el contexto dentro del cual se desenvuelve la pareja son los elementos básicos que modulan el intercambio sexual ya sea incrementándolo en ciertos momentos o dejándolo de lado en otros. Sin embargo, cada integrante de la pareja trae su propia agenda en término de demandas sexuales la cual es fundamental para entender cada dinámica sexual. Muchas veces, especialmente por motivos de tipo moral, las expectativas sobre lo que suponemos debería ser la vida sexual en pareja no se hacen explícitas en el momento oportuno (esto es antes de consolidar la relación de pareja) y llevan a grandes confusiones y desilusiones.

Por ejemplo, las repetidas frases: “es que yo creía que cuando nos casáramos las cosas serían diferentes en la cama”; “es que yo pensé que tú eras de otra manera en la cama”, etc. y muchas otras frases parecidas, nos indican que no se habló sobre las relaciones sexuales durante el período previo al compromiso, esperando equivocadamente que la realidad se ajustase a los deseos de él/ella. Es claro que nuestra cultura confía demasiado en el vínculo afectivo ya que supone que si hay amor todo se puede; sin embargo, no termina de reconocer que la compatibilidad sexual, que es fundamental para la permanencia de la pareja y no solo para la formación de la familia, debería considerarse más seriamente.

Con sus altibajos como ya lo aclaramos al principio, el componente pasional del amor obedece a una lógica inscrita en nuestros genes y hormonas que data del principio de los tiempos y sobre la cual tenemos muy poco control voluntario; por eso, en ciertos momentos nos sorprendemos cuando descubrimos que el deseo y la excitación no responden de la manera en que quisiéramos. A veces es para hacernos quedar mal ante la pareja, no respondemos, evitamos el momento y terminamos sufriendo. Y otras veces respondemos con una inagotable demanda de querer más ante la sorprendida pareja quien al no estar sincronizada con nuestra misma frecuencia, puede reaccionar de una manera que no ayude a consolidar el vínculo de pareja.